Después de analizar una operación inusual, la organización concluye que las explicaciones no son suficientes: los documentos se contradicen, el origen de los recursos continúa sin aclararse y la operación no tiene una…
Después de analizar una operación inusual, la organización concluye que las explicaciones no son suficientes: los documentos se contradicen, el origen de los recursos continúa sin aclararse y la operación no tiene una finalidad económica comprensible.
Entonces aparece una pregunta que genera bastante tensión:
“¿Ya tenemos pruebas suficientes para reportar?”
La respuesta es sencilla: un Reporte de Operación Sospechosa —ROS— no exige demostrar que se cometió un delito.
El GAFI establece que, cuando una entidad sospecha o tiene motivos razonables para sospechar que ciertos fondos proceden de una actividad criminal o están relacionados con la financiación del terrorismo, debe informar oportunamente a la unidad de inteligencia financiera correspondiente.
Esto no significa que la organización esté declarando culpable a alguien; tampoco que haya realizado una investigación penal.
𝗥𝗲𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗿 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝗱𝗲𝗻𝗮𝗿. 𝗘𝘀 𝗽𝗼𝗻𝗲𝗿 𝗶𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗿𝗲𝗹𝗲𝘃𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗲𝗻 𝗺𝗮𝗻𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗮𝘂𝘁𝗼𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗲𝘁𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗮 𝘀𝗲𝗿 𝗮𝗻𝗮𝗹𝗶𝘇𝗮𝗱𝗮 𝗷𝘂𝗻𝘁𝗼 𝗰𝗼𝗻 𝗼𝘁𝗿𝗮𝘀 𝗳𝘂𝗲𝗻𝘁𝗲𝘀.
En Colombia, la UIAF señala expresamente que el ROS no es una denuncia, no constituye una prueba judicial, no es un testimonio y no representa una sentencia penal. Parte de una sospecha fundamentada y funciona como un insumo para el análisis de inteligencia financiera.
Por eso, el análisis previo es tan importante. No debería reportarse una operación únicamente porque sea grande, internacional, compleja o diferente a las habituales; primero debe revisarse el contexto, solicitar información y valorar si existe una explicación coherente, verificable y razonable.
Si después de ese proceso las dudas relevantes permanecen, podría existir fundamento para reportar.
Ahora bien, un buen ROS no debería limitarse a frases como:
“El cliente realizó movimientos sospechosos”.
“Las operaciones no son normales”.
“Se observaron varias señales de alerta”.
Estas afirmaciones dicen muy poco. Quien recibe el reporte necesita comprender qué ocurrió, quiénes participaron, cuándo sucedió, qué valores estuvieron involucrados, cuál fue el recorrido de los recursos y por qué la explicación no resultó suficiente.
Un reporte útil debería narrar los hechos con claridad: describir el perfil conocido del cliente; explicar cuál fue el comportamiento que cambió; identificar las señales de alerta; relacionar las personas, empresas, productos, canales y jurisdicciones involucradas, y señalar las verificaciones realizadas.
También debería diferenciar los hechos de las interpretaciones.
Por ejemplo, es mejor escribir:
“El cliente recibió cinco transferencias internacionales durante tres días, provenientes de empresas con las que no había registrado relaciones comerciales anteriores”.
En lugar de afirmar:
“El cliente recibió dinero ilegal de empresas extranjeras”.
La primera frase presenta información verificable; la segunda formula una conclusión que posiblemente la organización no está en capacidad de demostrar.
La calidad del reporte no depende de utilizar palabras complejas ni de redactar muchas páginas. Depende de que la información sea clara, específica, completa y oportuna. La UIAF utiliza indicadores para evaluar, entre otros elementos, la claridad de la narración, la descripción de las señales de alerta, las jurisdicciones, los productos utilizados y la utilidad de la información para el análisis del caso.
Otro error frecuente consiste en esperar hasta obtener certeza absoluta.
La certeza sobre la existencia de un delito corresponde a las autoridades encargadas de investigar y juzgar. El sujeto obligado debe realizar un análisis serio y reportar cuando la operación haya sido clasificada como sospechosa, de acuerdo con la regulación aplicable y sus procedimientos internos.
En los instructivos colombianos, además, se indica que no es necesario identificar el delito específico ni verificar que los recursos tengan origen ilícito; una vez tomada la decisión de clasificar la operación como sospechosa, el reporte debe enviarse oportunamente. Dependiendo del sector, también pueden estar comprendidas operaciones intentadas o rechazadas.
Después del reporte aparece una obligación especialmente delicada: la reserva.
El cliente no debe ser informado de que su operación fue reportada. Tampoco debería comentarse el caso con personas que no necesitan conocerlo. La Recomendación 21 del GAFI contempla la protección de quienes reportan de buena fe y la prohibición de revelar al cliente que se presentó un reporte o que información relacionada fue enviada a la unidad de inteligencia financiera.
Esto no significa que, automáticamente, la relación comercial tenga que finalizar. La decisión de continuar, restringir o terminar la relación debe evaluarse de acuerdo con el riesgo, la normativa aplicable y las políticas de la organización; pero nunca debería manejarse de una manera que revele la existencia del ROS.
En conclusión, reportar no es acusar, denunciar ni declarar culpable a una persona.
Es comunicar una sospecha razonablemente sustentada, mediante una narración clara, objetiva y reservada, para que la autoridad competente pueda relacionarla con otra información y determinar si corresponde avanzar.
𝗨𝗻 𝗥𝗢𝗦 𝗻𝗼 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗶𝘁𝗮 𝗮𝗳𝗶𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗿𝗮𝗺á𝘁𝗶𝗰𝗮𝘀; 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗶𝘁𝗮 𝗵𝗲𝗰𝗵𝗼𝘀 𝗰𝗹𝗮𝗿𝗼𝘀, 𝗮𝗻á𝗹𝗶𝘀𝗶𝘀 𝗰𝗼𝗵𝗲𝗿𝗲𝗻𝘁𝗲 𝘆 𝘂𝗻𝗮 𝘀𝗼𝘀𝗽𝗲𝗰𝗵𝗮 𝗯𝗶𝗲𝗻 𝘀𝘂𝘀𝘁𝗲𝗻𝘁𝗮𝗱𝗮.
En la próxima publicación hablaremos sobre la reserva del reporte y el tipping-off: ¿por qué informarle al cliente que fue reportado puede afectar una investigación e, incluso, generar nuevos riesgos?
¿En su organización los ROS permiten comprender realmente lo sucedido o se limitan a registrar que “la operación fue considerada sospechosa”?
