La salida de Wilmar Mejía de la Dirección de la UIAF deja una discusión que, para quienes trabajamos en riesgos y cumplimiento, va mucho más allá de quién sale o quién llega. La UIAF maneja información extremadamente…
La salida de Wilmar Mejía de la Dirección de la UIAF deja una discusión que, para quienes trabajamos en riesgos y cumplimiento, va mucho más allá de quién sale o quién llega.
La UIAF maneja información extremadamente sensible. Recibe reportes, analiza operaciones y conecta datos que pueden terminar siendo relevantes para una investigación. En términos sencillos, es como una gran caja fuerte del sistema financiero: no basta con que sea segura, también necesitamos confiar en quien tiene las llaves.
Y ahí está el verdadero asunto. En los últimos meses, quien estaba al frente de la entidad había sido objeto de cuestionamientos, investigaciones y denuncias públicas. Vale la pena decirlo con claridad: una denuncia o una investigación no significa que una persona sea responsable de los hechos que se le atribuyen.
Pero desde la gestión del riesgo hay algo que tampoco podemos ignorar: la reputación no empieza a deteriorarse el día de una condena. Muchas veces empieza antes, cuando aparecen dudas suficientes para afectar la confianza.
En una empresa pasa exactamente lo mismo. Imagine que la persona que custodia información confidencial, aprueba operaciones sensibles o tiene acceso a datos reservados empieza a estar rodeada de cuestionamientos importantes. La organización no puede simplemente decir: “esperemos a ver qué pasa”. Tiene que evaluar el riesgo, reforzar controles y proteger la institución.
Con la UIAF el estándar debería ser todavía más alto. Por sus manos pasa información que los sujetos obligados entregan bajo reserva y con un propósito muy concreto: ayudar a detectar operaciones que podrían estar relacionadas con lavado de activos, financiación del terrorismo y otros delitos.
Por eso la confianza aquí no es un asunto de imagen. Es parte del funcionamiento del sistema. Si quienes reportan empiezan a desconfiar de cómo se protege la información, quién puede consultarla o para qué podría utilizarse, tenemos un problema mucho más grande que el nombre de un director.
Y quizás esa sea la oportunidad que deja este episodio. No limitar la conversación al cambio de una persona, sino revisar qué tan fuertes son las cerraduras de esa “caja fuerte”: quién accede a la información, qué trazabilidad queda, cómo se controlan las consultas, cómo se gestionan los conflictos de interés y qué tan protegida está la independencia técnica de la entidad.
Hay algo que siempre me ha parecido importante en cumplimiento: no podemos exigirle a las empresas estándares que las propias instituciones no estén dispuestas a cumplir.
A los Oficiales de Cumplimiento les pedimos independencia, reserva, integridad, manejo adecuado de conflictos de interés y protección de la información. Es razonable esperar exactamente lo mismo (y probablemente mucho más) de quienes dirigen una Unidad de Inteligencia Financiera.
Al final, las personas pasan. Las instituciones quedan. Y una institución como la UIAF necesita algo que no se compra con tecnología, no aparece en una matriz de riesgos y tampoco se puede imponer mediante una resolución:
necesita que confiemos en ella.
Porque cuando se administra información sensible, proteger la confianza también es gestionar el riesgo. ¿Qué debería hacer ahora la UIAF para fortalecer esa confianza?
Los leo. Fuente: Fuente externaticulo/declaran-insubsistente-a-wilmar-mejia-el-polemico-director-de-la-uiaf-que-fue-senalado-de-vinculos-con-calarca/202621/
