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Riesgo y resiliencia

Los retos silenciosos de un profesional en gestión de riesgos

Recuerdo que, hace algunos años, mientras asesoraba a una compañía del sector transporte, un gerente me dijo algo que nunca olvidé: “En esta empresa, si todo sale bien, nadie habla de riesgos. Pero si algo sale mal,…

Recuerdo que, hace algunos años, mientras asesoraba a una compañía del sector transporte, un gerente me dijo algo que nunca olvidé:

“En esta empresa, si todo sale bien, nadie habla de riesgos. Pero si algo sale mal, todos nos buscan.”

Sonreí, porque entendí que había resumido en una frase uno de los mayores retos de nuestra profesión: el trabajo invisible. La gestión de riesgos es, en esencia, un ejercicio para prevenir lo que casi nadie ve venir. Y esa invisibilidad es, a la vez, nuestro orgullo y nuestra carga.

Un profesional experto en riesgos no solo analiza matrices, indicadores y reportes; debe tener la habilidad de leer entre líneas, anticipar escenarios y, muchas veces, convencer a otros de tomar medidas preventivas cuando aún no existe una crisis que justifique la urgencia. Peter Drucker decía que “la planificación a largo plazo no se trata de pensar en decisiones futuras, sino en el futuro de las decisiones presentes”. Esa frase cobra todo el sentido cuando trabajas en riesgos: lo que haces hoy puede ser la diferencia entre la estabilidad y el colapso mañana.

Pero no todo es técnico. Está el reto humano: lograr que las personas entiendan que la gestión de riesgos no es un obstáculo, sino un habilitador de objetivos. En una ocasión, durante un comité directivo, me tocó presentar un análisis de riesgos operativos derivados de una posible expansión de rutas. Al terminar, uno de los ejecutivos comentó: “Tu análisis es impecable, pero si lo seguimos, no haremos el negocio”. Fue un momento incómodo, porque me recordó que no siempre somos los más populares en la sala. Y, sin embargo, nuestra labor no es agradar, sino proteger.

En un ecosistema empresarial cada vez más expuesto a riesgos financieros, operativos, tecnológicos y regulatorios, el profesional en riesgos debe desarrollar tres capacidades clave:

Visión integral: entender cómo un evento pequeño puede escalar hasta impactar toda la organización.

Comunicación persuasiva: traducir términos técnicos a un lenguaje que el comité o la junta entienda y valore.

Resiliencia profesional: mantener la calma y la claridad incluso bajo presión, cuando un riesgo se materializa.

Al final, lo más difícil de nuestra profesión no es detectar riesgos, sino lograr que otros los vean antes de que se conviertan en realidad. Y cuando eso sucede, la recompensa es silenciosa: no hay aplausos, no hay portadas, solo la satisfacción de saber que ayudaste a evitar una crisis.

Porque gestionar riesgos es como ser guardián en una ciudad que no sabe que está siendo protegida. Y, en las justas proporciones, ese es el verdadero valor de nuestro trabajo.

Retrato de Joany Alonso Guerrero Herrera
Joany Alonso Guerrero HerreraEspecialista en riesgos, cumplimiento, seguridad e inteligencia aplicada.