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Riesgo y resiliencia

Tratar a todos los clientes de la misma manera no siempre significa controlar mejor

Imagina dos clientes: El primero es una empresa local, con actividad económica conocida, estructura societaria sencilla y operaciones coherentes con su perfil. El segundo utiliza una estructura corporativa compleja,…

Imagina dos clientes: El primero es una empresa local, con actividad económica conocida, estructura societaria sencilla y operaciones coherentes con su perfil.

El segundo utiliza una estructura corporativa compleja, opera desde diferentes jurisdicciones, realiza transacciones inusuales y tiene dificultades para explicar el origen de sus recursos.

¿Tendría sentido aplicar exactamente los mismos controles a ambos? Probablemente no.

Esa es la lógica del enfoque basado en riesgo, uno de los principios centrales de las Recomendaciones del GAFI.

Este enfoque exige identificar, evaluar y comprender los riesgos de lavado de activos y financiación del terrorismo para adoptar medidas proporcionales a su nivel.

Dicho de manera sencilla:

𝗔 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿 𝗿𝗶𝗲𝘀𝗴𝗼, 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿 𝗽𝗿𝗼𝗳𝘂𝗻𝗱𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗲𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗼𝗹𝗲𝘀.

𝗔 𝗺𝗲𝗻𝗼𝗿 𝗿𝗶𝗲𝘀𝗴𝗼, 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲𝗻 𝗮𝗽𝗹𝗶𝗰𝗮𝗿𝘀𝗲 𝗺𝗲𝗱𝗶𝗱𝗮𝘀 𝘀𝗶𝗺𝗽𝗹𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗱𝗮𝘀, siempre que la regulación y las circunstancias lo permitan.

Para determinar ese nivel de exposición, una organización puede analizar factores como:

• El tipo de cliente y su actividad económica.

• Los productos o servicios utilizados.

• Los canales mediante los cuales se realiza la operación.

• Las jurisdicciones relacionadas.

• El volumen, la frecuencia y las características de las transacciones.

• La estructura de propiedad y el beneficiario final.

• La existencia de señales de alerta u otros factores relevantes.

El propósito no es etiquetar automáticamente a una persona o empresa como “buena” o “mala”. Se trata de reconocer que algunas relaciones u operaciones pueden requerir mayor conocimiento, verificación, seguimiento y documentación.

Cuando el riesgo es elevado, podrían ser necesarias medidas reforzadas: obtener información adicional, profundizar en el origen de los fondos, aumentar el monitoreo o solicitar aprobación de un nivel superior.

Cuando el riesgo es menor, podrían aplicarse medidas simplificadas.

Pero aquí existe una diferencia importante:

𝗦𝗶𝗺𝗽𝗹𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗿 𝗻𝗼 𝘀𝗶𝗴𝗻𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮 𝗱𝗲𝗷𝗮𝗿 𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗲𝗿 𝗮𝗹 𝗰𝗹𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗻𝗶 𝗲𝗹𝗶𝗺𝗶𝗻𝗮𝗿 𝗹𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗼𝗹𝗲𝘀.

Significa ajustarlos de manera proporcional y razonable.

Por eso, el enfoque basado en riesgo no consiste únicamente en asignar una calificación dentro de una matriz. También implica justificar esa calificación, aplicar controles coherentes y actualizar el análisis cuando cambien las condiciones.

Un cliente que hoy representa un riesgo bajo puede modificar su actividad, estructura, ubicación u operaciones. El riesgo no es una fotografía permanente.

Es una condición que debe revisarse.

En conclusión, un verdadero sistema de prevención no controla a todos por igual: concentra mayor atención y recursos donde la exposición es más significativa.

En la próxima publicación explicaré qué es la debida diligencia, qué información busca obtener y cuándo debe aplicarse de manera intensificada.

¿En su organización los controles responden realmente al nivel de riesgo o solo a un procedimiento estándar?

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Retrato de Joany Alonso Guerrero Herrera
Joany Alonso Guerrero HerreraEspecialista en riesgos, cumplimiento, seguridad e inteligencia aplicada.