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Riesgo y resiliencia

¿Cansados de ver contenido producido por IA?

No sé si a ustedes les pasa lo mismo, pero yo abro LinkedIn y siento que todo suena igual. Los posts bien escritos, infografías ganadoras, videos de altísima calidad con frases bonitas, cierres inspiradores y una…

No sé si a ustedes les pasa lo mismo, pero yo abro LinkedIn y siento que todo suena igual. Los posts bien escritos, infografías ganadoras, videos de altísima calidad con frases bonitas, cierres inspiradores y una estructura que parece sacada de un manual que todos conocemos. Pero termino de leer y me queda esa sensación rara, como cuando alguien habla y habla y uno termina preguntándose, y qué me quiso decir realmente?

Lo digo con toda la honestidad que puedo transmitir, porque yo también caigo en eso. Uso inteligencia artificial para ordenar ideas cuando se me enredan, para revisar textos, para mejorar una frase que no me convence o para salir de esos bloqueos y enredos horribles frente a la pantalla en blanco. Sería absurdo, casi hipócrita, negar las bondades de una herramienta que nos está cambiando la forma de trabajar.

Pero también me he dado cuenta de algo que incomoda un poco, a veces uno no usa la IA para apoyar una idea propia, sino para que la herramienta produzca casi toda la idea. Ahí la cosa cambia. Una cosa es apoyarse en la IA y otra, muy distinta, es entregarle la creatividad completa.

La inteligencia artificial es probablemente, una de las revoluciones tecnológicas más grandes que hemos visto en nuestra vida. No es una moda pasajera ni un juego para sacar textos rápidos, la inteligencia artificial está transformando cómo investigamos, escribimos, enseñamos, vendemos,y hasta cómo tomamos decisiones. Por eso creo que deberíamos hacer una pausa, así sea pequeña y preguntarnos cómo la estamos usando. No desde el miedo, sino desde la responsabilidad.

Y es que empieza a cansar esa sensación de estar leyendo el mismo contenido con distinta foto de perfil. Solo cambia el nombre, el sector, pero el tono suena igualito, súper correcto, pulido, bonito y a veces vacío y sin sentido. Es como esas casas modelo que uno visita en una sala de ventas, todo combina, todo se ve perfecto, pero no hay olor a café recién hecho, ni zapatos tirados en la entrada, ni una foto torcida en la pared se nota que no hay vida ahí.

Eso le pasa a mucho contenido generado por IA, está impecablemente ordenado, pero no siempre tiene alma o corazón. Y ojo, no estoy diciendo que todo tenga que salir improvisado, ni que ser auténtico signifique escribir mal. El punto es más simple y más difícil a la vez, detrás de lo que publicamos debería haber algo nuestro. Una experiencia, una duda que todavía no resolvemos, una posición tomada con miedo pero la propia posición al fin, un criterio que nos costó, que se ganó a punta de errores vergonzosos y de conversaciones reales, de esas que a veces dejan mal sabor de boca.

La IA puede ayudarte a redactar mejor, claro que sí. Pero no estuvo contigo en esa reunión donde había que decir algo incómodo y que nadie más lo dijo, no sintió el nudo en el estómago antes de una decisión difícil, ni enfrentó un cliente furioso del otro lado del teléfono. Tampoco vivió ese proyecto que se fue a pique y que sin embargo te enseñó más que cualquier curso pago. No sabe lo que se siente publicar una opinión con nombre y apellido y después tener que sostenerla frente a alguien que piensa exactamente lo contrario; eso viene de la vida real, de la que deja marca y ninguna herramienta lo puede fabricar.

Por eso creo que muchos profesionales no estamos cansados de la IA como tecnología, sino del uso perezoso que le damos, ese contenido escrito para cumplirle al algoritmo y no para decir algo de verdad, esas publicaciones que suenan profundas pero no tienen cicatriz, esos textos que repiten lugares comunes con una elegancia hasta sospechosa.

Y aquí también me incluyo, sin excusas. Me ha pasado más de una vez, uno se deja llevar por la facilidad, por la presión constante de tener que estar presente, publicando, existiendo digitalmente. Uno produce, corrige, publica y sigue de largo. Pero después llega la pregunta incómoda: ¿esto realmente lo pensé yo?, ¿podría defenderlo en una conversación cara a cara, sin esconderme detrás de una herramienta?

Esa es la cuestión. Porque en marca personal, publicar no es solo llenar un espacio en el feed. Es dejar una huella, aunque sea chiquita, dejar que otros se hagan una idea de cómo pensamos, cómo miramos los problemas, qué criterio tenemos cuando nadie nos está mirando. Y si todo lo que publicamos suena igual al resto, la marca personal se convierte en una plantilla bonita, pero sin nadie detrás.

La IA debería ser copiloto, no piloto automático, ayudarnos a pensar mejor, no ahorrarnos el trabajo de pensar; servir para afinar una idea, no para reemplazar la experiencia que la hizo posible. Es como tener un buen asesor al lado, que puede sugerir, ordenar, mejorar, pero al final quien firma y quien da la cara sigue siendo uno.

Y hay algo más de fondo que me inquieta, si todos usamos las mismas herramientas, con los mismos prompts, buscando ese mismo tono profesional que parece agradarle a todo el mundo, vamos a terminar hablando idéntico. Y cuando todos hablan igual, lo distinto ya no será escribir más bonito. Será sonar más real.

Tal vez por eso hoy conectan más esas publicaciones con una grieta humana, una anécdota torpe, una confesión, una duda sincera, una frase que claramente no salió de ningún manual o de alguna IA personalizada, porque uno siente que detrás de esas palabras hay alguien pensando de verdad, no solo produciendo contenido.

La IA llegó para quedarse, y sería ingenuo decir lo contrario. Yo la voy a seguir usando, por supuesto, pero quiero usarla mejor, que me ayude a ordenar sin hacerme desaparecer, que me apoye sin pensar por mí.

A lo mejor ese es el reto, no usar menos inteligencia artificial, sino usarla con más conciencia. Hacer un alto, aunque sea de un minuto, antes de publicar y preguntarnos si el texto tiene algo propio, si nace de una experiencia real, o si simplemente quedó bonito y ya.

Porque bonito, la verdad ya hay mucho. Lo que empieza a escasear es lo verdadero, lo humano, los mensajes cargados de sentimientos propios de nuestra especie, poco a poco hemos venido perdiendo ese toque de imperfeccion que nos hace únicos.

Y en medio de tanto contenido perfecto tan pulido, tan sin arrugas, tal vez lo más valioso sea volver a sonar humanos, con criterio, con dudas que no resolvemos del todo, con historias que a veces avergüenzan un poco y con la responsabilidad de decir cosas que podamos sostener cuando alguien nos mire a los ojos y pregunte: ¿en serio crees eso?

La IA puede redactar. Puede ayudar muchísimo, no lo voy a negar. Pero el juicio, la experiencia y la voz siguen siendo humanas y tal vez esa sea, precisamente, la parte que no deberíamos tercerizar.

Retrato de Joany Alonso Guerrero Herrera
Joany Alonso Guerrero HerreraEspecialista en riesgos, cumplimiento, seguridad e inteligencia aplicada.