Cuando escuchamos la expresión “activo virtual”, es fácil pensar que cualquier cosa que exista en internet, tenga un precio o pueda utilizarse para obtener algún beneficio entra automáticamente en esa categoría. Pero no…
Cuando escuchamos la expresión “activo virtual”, es fácil pensar que cualquier cosa que exista en internet, tenga un precio o pueda utilizarse para obtener algún beneficio entra automáticamente en esa categoría.
Pero no es así. Para entenderlo de manera sencilla, un activo virtual es una representación digital de valor que puede transferirse, intercambiarse o utilizarse para realizar pagos o inversiones.
Bitcoin, Ether y muchas monedas estables (conocidas como stablecoins) son ejemplos claros. Una persona puede comprarlas, venderlas, transferirlas a otra persona o utilizarlas en determinadas operaciones.
Sin embargo, existen otros elementos digitales que también parecen tener valor y que pueden generar confusión. Pensemos, por ejemplo, en las monedas utilizadas dentro de un videojuego.
En juegos como FIFA Ultimate Team, una persona puede acumular monedas, comprar sobres o mejorar su equipo. Esas monedas tienen utilidad dentro del juego, pero normalmente no pueden transferirse libremente a otra persona ni convertirse oficialmente en dinero fuera de la plataforma.
Por esa razón, no necesariamente se consideran activos virtuales para efectos del GAFI. Algo similar ocurre con los Puntos Éxito, las millas de una aerolínea o los puntos acumulados en una tarjeta de crédito.
Tienen valor para quien los utiliza. Permiten obtener descuentos, tiquetes, productos o beneficios. Sin embargo, generalmente funcionan dentro de un sistema cerrado, bajo las condiciones establecidas por la empresa que los emite.
No suelen negociarse libremente en el mercado ni transferirse como Bitcoin o Ether. La diferencia principal no está únicamente en que algo sea digital o tenga utilidad. Lo importante es analizar si puede:
Transferirse entre personas.
Intercambiarse por dinero u otros activos.
Utilizarse como medio de pago.
Negociarse o mantenerse como inversión.
Circular fuera de la plataforma que lo creó.
Incluso dentro de los videojuegos pueden existir casos diferentes.
Si un token puede sacarse del juego, enviarse a otra persona, venderse en una plataforma externa o cambiarse por dinero, el análisis cambia. En ese escenario podría acercarse mucho más al concepto de activo virtual y generar riesgos relacionados con fraude, lavado de activos o movimientos de dinero difíciles de rastrear.
Lo mismo sucede con algunos NFT.
Un NFT creado únicamente como certificado digital, obra artística o elemento coleccionable no necesariamente recibe el mismo tratamiento que un activo utilizado para transferir valor o realizar inversiones. Lo importante no es solamente cómo se llama, sino cómo funciona realmente.
Esta es la idea que debemos conservar:
No todo lo digital es un activo virtual, y no todo lo que tiene valor dentro de una plataforma puede circular libremente fuera de ella.
Antes de clasificar cualquier producto, token, moneda o punto digital, debemos preguntarnos qué permite hacer, quién lo controla, dónde puede utilizarse y si puede convertirse o transferirse a otras personas.
Comprender esta diferencia es fundamental antes de entrar en el mundo de las finanzas descentralizadas.
Porque para entender qué es DeFi y por qué preocupa al GAFI, primero debemos tener claro qué tipo de activos circulan dentro de esos sistemas.
